Entrevista a María Ana Fromm

Argentina radicada en Punta del Este desde 2008, María Ana Fromm es una exquisita, creativa y multifacética artista, que desde muy pequeña ha ido desarrollando sus talentos. La danza, la actuación, las imágenes y los sonidos alimentaron sus juegos y atravesarán su vida artística futura. Sus series van formando conexiones y evolucionando una en otra. Su pintura es fuerte, desenvuelta y su trazo muestra técnica y originalidad. Te invitamos a conocerla.

¿Cómo fueron tus inicios?

De chiquita tenía facilidad, mi madre siempre tuvo interés por el arte y me fomentó mi parte artística. Pero hubo una persona especial que me influyó mucho: mi tío abuelo Martín Fromm, el menor de los hermanos Fromm, alemán que había estado en la Segunda Guerra. Era artista plástico, vivía en Hamburgo, pero vino a visitarnos a Argentina en varios momentos de mi vida, incluso en la adolescencia y cuando ya tenía mi taller de adulta. Tenía un muy buen dibujo que obviamente ejercitábamos juntos. De todos sus sobrinos-nietos fui la única que estudió Bellas Artes, así que desde chica me hacía hacer bocetos rápidos: ”1 2 3 me dibujas así, 1 2 3 y cambio de pose”. ¡Para mí era una presión!

¿Qué legado te dejaron esas visitas? 

Recuerdo que en uno de sus últimos viajes vino entusiasmado con una técnica que hacía poco había aprendido, que estaba utilizando en Alemania. Era el “Automatismo”, corriente pictórica que vino después del impresionismo. En el automatismo la idea es tirar líneas, empezar a dibujar en automático e ir buscando formas y dejándote llevar. Eso te puede llevar a algo figurativo, algo abstracto, algo onírico o algo surrealista. A partir de este juego, desarrollé algo que denominé: “Automatismo inducido”, debido a que las líneas puestas son sueltas e inconscientes, pero están contenidas en una idea o composición previamente definida.

¿Qué me puedes contar de tu formación?

Fui educada en la pedagogía Waldorf, de Rudolf Steiner, una pedagogía basada en la individualidad de las personas. Un colegio bastante vanguardista para los años 70, donde se impartía mucho dibujo, arte, manualidades, carpintería y proyectos textiles. Paralelamente a los 13 años comencé danza clásica con Cecilia Díaz, del ballet de Olga Ferri del Colón. A los 16 años empecé a estudiar Bellas Artes en el Regina Paccis. Al terminar cursé la Facultad de Bellas Artes (Prilidiano Pueyrredón) en donde cursé la especialidad de escultura. Durante la carrera fui contratada por el colegio Goethe Schule para realizar las comedias musicales del colegio. Hacíamos todo: escribíamos los guiones, hacíamos la escenografía, armábamos las coreografías, los coros, etc. En ese momento me presenté para el casting de la obra de Pepe Cibrián Campoy “El Jorobado de París” y quedé seleccionada, ahí trabajé con Paola Krum, Cecilia Milone y otros. En ese momento me dí cuenta que lo que más me gustaba era el teatro porque unía todas las artes. Así fue como comencé a estudiar Dirección de teatro y Dramaturgia con Luis Agustoni, -el director y guionista de Brujas- y estudié iluminación teatral en el Teatro Colón de Buenos Aires.

Al terminar mi carrera de Bellas Artes, fui la asistente plástica, durante tres años, de Silke, una reconocida artista textil argentina. Con ella no solo trabajé en el armado de las exposiciones y la realización técnica de sus obras, sino que también influí en todo el desarrollo de la parte teatral que aplica en los cursos de creatividad que imparte hoy día.  

 ¿Y cómo llegaste a la pintura?

Debo confesar que en la facultad de Bellas Artes me había peleado con el óleo y dejé de pintar para investigar otras artes. En 1995, después de casarme, nos fuimos con un plan familiar a vivir a la provincia de Tucumán en Argentina. En ese paréntesis de la vida mis hijos nacieron y de todas mis artes, la pintura fue la que más amablemente se llevó con esta nueva configuración. De todos modos, existió un evento en particular que despegó mi carrera artística: una tarde me dispuse a pintar, después de mucho tiempo de no haber hecho retratos, la imagen de mi suegro Rodolfo Rabanal, un escritor reconocido argentino, ya que viajaríamos a Buenos Aires para visitarlos, ese iba a ser mi regalo de cumpleaños. El gran apoyo que obtuve de su parte y la admiración que su familia volcó sobre mi trabajo me dio el ímpetu para volver a la pintura. Hoy, paradójicamente, el óleo es uno de mis materiales favoritos. 

¿Qué otros materiales te gusta utilizar?

El acrílico me sirve para componer, lo uso como si fuera un Photoshop porque me permite un secado rápido y tener un panorama más claro de cómo quedaría con un color u otro. Una vez que establezco los colores y la composición, me gusta mucho usar el collage.

Veo en tus obras collage con revistas viejas, ¿por qué?

La mayoría son revistas de 1963 de mi mamá, ella estudiaba decoración y jardinería. Además, tengo libros del 1890 que corto y pego con el mayor de los respetos. Están en la tierra desde hace más de 100 años y sin duda el tiempo les da un valor especial, desde su composición hasta haber sido testigos silenciosos de todos aquellos que los leyeron y tocaron.

¿De dónde surge tu inspiración?

Digamos que la inspiración en mí va de la mano de lo onírico, de dejarme fluir, generalmente me manejo con imágenes que me van apareciendo. Por ejemplo, mi obra del gorila en la bañadera surgió de una imagen qué irrumpió una mañana al despertarme en mi departamento en Buenos Aires. Casi sin abrir los ojos, pero en vigilia, me sorprendió esta imagen: un mono, en una bañadera, con un cómic detrás y una calle que sale hacia la derecha y alguien que se va… ¡Fue como un boom! A veces, cuando me voy a dormir me empiezan a aparecer caras, gestos, imágenes aleatorias que luego utilizo en mis cuadros. Calculo que son imágenes del inconsciente que se despliegan ante mí. También está lo casual y lo que me sorprende en la vida, como un momento, una luz reflejada en la cara de mi hija, momentos fotográficos que conservo para luego imprimirlos en alguna obra plástica.

¿Qué consideras que es lo importante en una obra?

El aspecto compositivo, la técnica y el color. En mis cuadros busco que exista una organización aunque en apariencia no lo sea, pero que tenga equilibrio. Como en la naturaleza, parece que todo es aleatorio, pero si observamos más detenidamente hay una armonía perfecta. También la creatividad me parece super importante, la búsqueda de algo nuevo y diferente para mí es fundamental. 

¿A qué nivel de detalle en técnica te gusta llegar?

Me gusta llegar al máximo nivel de detalle que mi técnica me permita. Cuando ya compuse, me centro en los detalles y todo se establece, es mi momento preferido de la creación, cuando veo plasmada la imagen que estaba creando en mi mente.

¿Cómo vas creando tus series?

Mis obras son una evolución la una de la otra, voy conectando las ideas y enlazando los conceptos a medida que las voy plasmando. Me ha pasado que a partir de un boceto surgiera toda una temática, y eso me encanta, surgen las mejores obras. 

¿Cómo surgió la serie “Mujeres en trance”?

Mis obras generalmente surgen de lugares y momentos insospechados. En este caso una mañana quise ejercitar lo académico y tome al azar una imagen de una mujer con ruleros que sostenía una taza. Me esmeré mucho en la cara y sobre todo de la mirada, pero al llegar a la parte de los ruleros sentí la necesidad de dejarme fluir, así que comencé a garabatear con el pelo y me di cuenta que el grafismo podría simular oraciones en las cuales no había un texto organizado, solo pensamientos aleatorios que surgían, cual pensamientos. Sobre los ruleros dibujé mujeres cómo en su propio mundo de ensoñación. Con el dibujo terminado a lápiz, monté el papel en uno más grande y le añadí collage de libros antiguos con mapas y textos, con el objetivo de representar en el exterior la palabra escrita, organizada y la diferencia entre el pensamiento libre interno de nuestra mente. Así fue como comenzó esta nueva serie de mujeres con ruleros.

Disfrutas mucho de la gestualidad…

Sí, lo que más me importa es la mirada y qué te está transmitiendo. Soy muy observadora de la fisonomía y los gestos que hacen que un rostro represente determinada emoción. Pero a su vez me gusta que la obra se vaya “descubriendo” y que al verla de lejos veamos una cosa, pero a medida que nos acercamos el espectador encuentre detalles que lo hagan sonreír.

¿Qué opinión te merece el arte contemporáneo?

Estoy asistiendo a un curso de arte contemporáneo y me agrada la propuesta de ir a lo conceptual y salir del bastidor, de hecho hace unos años hice land art (arte en la tierra), una instalación de 500 pozos con velas en la playa. Fue una muy buena experiencia y espero poder hacer algo más de ese estilo, pero realmente no considero que todo sea arte… Me parece que hay artes conceptuales que buscan usar un objeto para explicar un concepto filosófico, por ejemplo, puedo poner basura en una sala de museo, y ese objeto sirve al concepto para hablar de ello, no me parece que tenga valor artístico por sí mismo. 

¿Actualmente das talleres? 

Sí, tenemos talleres en La Barra todas las semanas y no es necesario tener conocimientos previos. La parte que más disfruto de enseñar es cuando logro expresar un concepto y veo como al otro se le amplía el horizonte. El brillo de las personas cuando entienden algo es una de las partes que más me emociona, me encanta darlo generosamente y me gusta no moldear a las personas, sino darles las herramientas para lograr que cada uno sea sí mismo y pueda desarrollarse.

PARA CONOCER MÁS DE MARÍA ANA FROMM
t. 095 673 847 Instagram: @mariaanafromm
Atelier: Roberto Fontaina y Tabaré Etcheverry (a 300 mts Ancap La Barra)

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