Entrevista a Sofía Sibrú

Después de la entrevista, me fui del taller de Sofía llena de buena energía. Ella es de esas personas inspiradoras, que se animaron a ir detrás de sus más profundos deseos, incluso teniendo una carrera de contadora. Ella tenía la certeza que el camino sería complicado, pero que valía la pena transitarlo. Ha sabido transmitir en sus cuadros y a sus alumnos en los talleres, que la pintura, primero que nada, debe ser un canal de expresión, que nada está bien ni mal si logramos conectarnos con nosotros mismos y explorar nuestro mundo interno para ser mejores y tener más libertad.

¿Cómo comenzó tu interés por el arte? 

Desde muy chica tengo mucha memoria y registro visual, en casa hay una librería y todos los domingos mi padre traía una lectura diferente para cada uno y había un momento de lectura colectivo. Yo tenía 5 años y estaba desesperada porque veía que todos leían y yo no, incluso los libros de cuentos los tenía que compartir con otros, entonces mi padre me trajo una lectura que yo podía hacer sola: libros de arte, solo con imágenes. De Lautrec o Dalí, eran cosas muy intensas para ver de chicos, pero a partir de ahí se empezó a desencadenar todo. 

¿Cómo continuó tu formación?

Yo soy de Durazno, allá me formé en el Taller de Artes Plásticas, un taller hermoso en donde desde los 8 a los 18 sin parar, hice pintura y cerámica, es algo que me ha acompañado desde siempre, es mi forma de expresarme. En Montevideo fui a varios talleres, informales digamos, porque nunca tuve una educación formal como Bellas Artes, por ejemplo, que es algo que siempre tuve ganas, pero a la vez no. Después seguí con otros talleres, ahora estoy haciendo escultura con Luis Robledo, que tiene un taller divino en Punta Piedras. Me encanta estudiar, pero lo hago con mucho cuidado porque mi máximo miedo artístico es encasillarme en algo, y con Luis entendí enseguida que estábamos en la misma sintonía y me dio total libertad para crear. Arranqué con arcilla porque es lo más natural para mí, además porque me encanta la tierra, plantar, me gusta esa conexión, aunque mi idea es hacer una búsqueda total y pasar por todos los materiales. 

¿Cuando te volcaste por completo a la producción artística?

Fui a Montevideo a estudiar, pero nunca se me pasó por la cabeza que fuera arte. Supongo que por todos los mambos culturales, sociales, mis amigas y mi familia, que si bien siempre han sido muy abiertos, había miedos del estilo: “si estudia arte no va a tener con qué vivir”, en mi casa siempre fueron muy laburantes de esos que quieren que sus hijos estudien. Así que como los números siempre me gustaron y me resultaban fáciles, hice la carrera de contadora y me recibí. Pero mi cuenta estaba tan mal hecha, que pensaba que lo mejor era trabajar en algo que me resultara fácil y después hacer la mía… Trabajé años en un banco, incluso estuve como encargada del área, pero vivía estresada, llegaba a casa a las 7 de la tarde y me ponía a pintar. El gran cambio en mi vida fue venirme a vivir a Maldonado, renuncié y decidí trabajar menos horas. En esa transición tuve unos clientes, pero cuando estaba proyectando dejarlos, el cliente más grande que tenía me dijo que ya no me necesitaba, así que el proceso se aceleró. Dije: ¡ahora le meto! y se empezaron a dar cosas, un par de personas me preguntaron si les podía dar clases a sus hijos, y aunque no estaba muy segura acepté y ¡ahí arrancó todo! 

¿Cómo te sentiste con ese cambio? 

Fue algo tan mío, algo que me estaba esperando detrás de la puerta para que dejara un montón de cosas de lado que ya no eran necesarias. Cuando uno toma esa decisión, realmente es como que explota algo que te estaba esperando, vos lo agarrás y las cosas empiezan a pasar. Es increíble, la gente tendría que animarse más, entiendo que es super complicado, pero trabajar y después vivir no es bueno para nadie. 

¿Cómo viviste esa transición? 

La gente piensa que esto es de un día para otro, sin embargo es tremendo proceso que se hace de a poco. Yo nunca dejé de hacer cuentas y de pensar en cómo podía vivir y sustentarme. A veces se asocian estos cambios a que vino alguien, te ayudó y te puso donde estás y la verdad es que no. Hay que hacer un proceso paulatino y es súper posible si lo haces con cabeza y no tan impulsivo. No es tan romántico como dicen, en el proceso hay millones de mambos, pero con el objetivo firme y un plan es super posible.

¿Qué temáticas te gusta abordar?

Pinto mucho lo que soy, asociado a lo que estoy viviendo en ese momento, va mucho en mi experiencia de vida. Hago muy poca cosa que no tenga figura humana y hoy en día no me llevo tanto con la figura realista, aunque arranqué por ahí, fue parte de mi proceso y me parece una técnica increíble, pero hoy por hoy me gusta generar algo que no exista. Creo mucho que hay dos mundos, está el mundo más terrenal, con sus desafíos, cuestiones sociales, etc., pero creo también que hay un mundo interno que, en general, está poco explorado y es mucho más lindo, hay más empatía, más de disfrutarnos como seres distintos. Creo que todos tenemos ese mundo y trato de mostrar un poco eso. 

¿Cómo es tu proceso creativo?

Es re complicado, tengo que armarme un escenario para crear y necesito estar sola durante unas cuantas horas. No tengo la capacidad de crear en periodos cortos, necesito espacio y tiempo. Creo que el proceso creativo en sí empieza desde que me levanto hasta que me acuesto, porque me alimento todo el tiempo de cosas: de la gente, de las charlas de los talleres, de la naturaleza, del mar… para mí vivir acá es un sueño. Entonces llega ese momento y es como una fiesta para mí, me brota una explosión de esas cosas que quiero expresar y me paso horas, me apago de todo lo demás y luego vuelvo a alimentarme para volver a tirar, así es mi proceso.

¿Cuál es la parte que más te interesa de pintar?

La pintura es mi medio de expresión, mi canal para evolucionar, para tener más paz, entender y aceptar el gran desafío de la vida. Me interesa la creación en sí misma, esa búsqueda personal, que después comparto. Es todo un proceso, pero ahí es cuando más libertad siento.

¿En qué proyectos estás trabajando actualmente?

En “Casa Sibrú” estoy a full con los talleres para niños, adultos, adolescentes y adultos mayores. De lunes a jueves tengo todos los días talleres y siempre estoy con otros proyectos más allá de la pintura, ahora por ejemplo estoy trabajando en un proyecto de ilustración infantil. ♦

FIN DE LA VERSIÓN EN PAPEL

¿Te acordás cuál fue tu primera obra?

Sí, justo el otro día estuve con las carpetas. Empecé haciendo los autorretratos de Van Gogh, ya que a mí siempre me gustó lo figurativo, Van Gogh fue mi inspiración inicial, lo amaba. Fueron las primeras obras que registré con potencial, llegué a casa y me dijeron: “wow, mira qué bueno, vamos a colgarlo”. Ahí me dí cuenta que había algo que estaba bueno. También con un primo hicimos una muestra en navidad en el living de casa, me encantaba. Creo que uno también tiene que volver a lo que le gustaba de chico, a veces de grande te vas perdiendo y en realidad eso era lo más natural, lo más puro. Si te gustaba mucho bailar capaz tendrías que ir a baile. 

¿Qué mensaje buscas dar con tu obra?

Quiero dar el mensaje de buscar nuestra libertad interna, pero a un nivel más profundo. Por eso, generalmente hago los personajes desnudos y después los visto, porque me encanta ese proceso de hacerlos más humanos. Siento que lo que no nos hace libres va más allá de lo que la gente cree, como la plata, por ejemplo. Nos ponemos una barrera interna a determinadas situaciones que nos terminan sacando libertad y la posibilidad de ganar una experiencia que esté buena. Busco romper con los prototipos, por eso los personajes nunca son reales, a veces incluso no tienen sexo porque hasta en eso uno tiende a poner una etiqueta. Si cuidamos ese mundo interno podemos hacer que el otro mundo más “terrenal” sea mucho más ameno, lindo y así, poder ser más libres y mejores personas. 

¿Qué satisfacciones te ha dado la pintura?

Un montón, pero la gente por sobre todo. Gente que elige tu obra, que la quiere tener colgada en el living, los que te comentan lo que les pasa con tu obra y los que siempre te están acompañando y aunque no nos conocemos, siempre me están dando para adelante. Creo que les estoy transmitiendo algo que les hace bien, y esa es la misión del arte, hacer que la vida de los demás sea un poco mejor.

¿Qué tan importante crees que es la educación artística en los niños? 

Muy importante, les aporta creatividad, resolución de problemas y lo más interesante es que es un canal para que nos podamos expresar. ¡Lo que han sufrido las generaciones de nuestros padres por darle poco interés a estas cosas! Creo que nosotros somos una generación bisagra, que intentamos estar bien y entendemos que hay otras cosas más allá que estudiar, recibirse y trabajar. Creo que es muy importante la creación en libertad, y no estar guiando su aprendizaje. De hecho, hay una investigación super vieja de un hombre que habla de qué decirles o no a los niños al momento de crear o pintar… Él se cansó de ver en todas partes del mundo como a los niños les dicen ‘hace una casa’ y hacen a dos aguas con la chimenea porque es lo que les hemos enseñado. 

¿Cuál crees que es el papel del arte en la vida de las personas?

Creo que las personas, más allá de su profesión, tienen que buscar un canal para expresarse. Puede ser que tu pasión sea ser médico grado 5, pero igualmente creo que todo el mundo debería practicar un hobby como pintar, escribir o cualquier cosa cultural. Me parece súper necesario para el ser humano. 

¿Qué es lo que buscas transmitir en tus clases? 

Trato de ser lo más genuina posible, porque sé hasta dónde puedo dar, trato de enfocarme en la creación en libertad, que la persona logre ese quiebre. 

PARA CONOCER MÁS DE SOFÍA SIBRÚ
www.sibruart.com / t. 098 294 538
Instagram: @sofiasibru / @casasibru
Casa Sibrú: Costanera y Ruta 10, La Barra.

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